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A propósito de Ken Robinson y nuestra educación

Artículo de reflexión elaborado por Federico Mora (@mora_federico), uno de los miembros del grupo de +70 Líderes que impulsan el diálogo estratégico de Paraguay Ahora


Captura de la animación dada en la charla de RSA por Sir Ken Robinson, experto en educación y creatividad (vídeo: https://youtu.be/zDZFcDGpL4U)

Ken Robinson nos dejó en esta semana. Fue la otra cara a indicadores estandarizados como PISA. La educación, decía, pasa por fomentar la creatividad, encontrar el potencial, ese elemento que tiene todo individuo, en lo que es bueno, que lo motiva y en lo que quiere crecer porque lo apasiona. Todos somos buenos en algo, pero encontrarlo no es evidente, por lo que plantea que vale tanto o más fomentar el arte, el teatro, la capacidad de expresión, que las matemáticas o la programación robótica. No se trata de polos opuestos, sino de conjugarlos. Hablaba de herramientas, de su importancia para quienes no llegarán a la universidad, que son mayoría.


Señalaba, la generación que hoy formamos vivirá hasta por lo menos el 2085 o 2100. No tenemos idea de cómo será el mundo en todo este periodo ni entonces, por lo cual, la educación se trata de habilidades, competencias, creatividad, conjunta con conocimiento.


Su último aporte fue un podcast sobre la educación en casa en tiempos de pandemia. Conversaciones abiertas con padres, madres, tutores a cargo de niños y jóvenes. Alejado de una posición de gurú, más bien una reflexión práctica, en el terreno del día a día.


Del Reino Unido a México, los desafíos son los mismos.

Comentaba una entrevistada, asimilar el nuevo rol como docente o tutor, a la par del laboral, o peor, con la incertidumbre del desempleo por cese de actividades económicas, sin saber cómo encarar la tarea, basado en un correo del colegio o algunos lineamientos del Ministerio de Educación correspondiente, requiere de una reorganización y acondicionamiento mental que muchas veces no entra en la ecuación de conversión a la “escuela en casa”. La presencialidad hacía posible administrar hogares de espacios reducidos, con 2, 3 o 4 menores de diferentes edades y niveles escolares, incluso en convivencia con algún abuelo o familiar a cargo. El nuevo contexto obliga a garantizar el acceso a Internet, y donde lo hay, compartir laptops y comprar impresoras, y si no se puede, el celular, prestándolo para recibir y enviar tareas a la par de acomodarse a los horarios de tele-educación. Mejor si es que está disponible algún cuadernillo impreso que facilite la logística para remangarse y entender para explicar o acompañar la lección del día.


Es mundial que el éxito de la experiencia está vinculada a condiciones socio-económicas, con el riesgo de aumentar brechas existentes.

Quiero aterrizar estos párrafos en nuestro país, con la adaptación del escenario y experiencia que tenemos, y a partir de ello una propuesta. Primero, valorar la decisión del MEC de no parar el proceso educativo, adecuando la oferta presencial a la virtual en tiempo récord, con docentes que han doblado compromiso, dando lugar a una “propuesta de mínimos”, lo necesario para afirmar que el año académico “no se pierde”, que no es poco.

La evidencia de un primer corte académico con acuerdo de partes para una evaluación cualitativa denota que la adaptación no es automática. Esto es así porque es enredado para el docente calificar sobre un contenido que no ha podido desarrollar en su totalidad, cara inversa, injusto para el estudiante ser evaluado sobre lo que no ha recibido conforme esperaba en el formato convencional, y en medio, los padres que aún estamos descubriendo cómo aportar antes que confundir. Esto es y seguirá siendo porque lo virtual, en las condiciones que tenemos, no puede reemplazar lo presencial.


Arte de Francesco Tonucci (Alias: Frato)

Es aquí donde quiero proponer ideas de Ken Robinson en la conversación. Siendo proactivos, buscando sumar un parecer de padre, y esperando lo mejor para el 2021, haya o no retorno al aula presencial, revisar la malla curricular para comprobar que lo que se dicta es evaluable únicamente de forma cuantitativa (calificación) como conocimiento adquirido y objetivo, y a partir de ello, plantear incorporar todo aquello que no se califica con números, porque es cualitativo, y que hacen a esa parte de la educación que considera, por ejemplo, la capacidad de resiliencia que estamos desarrollando todos y nuestros hijos como sociedad.


Que nos permita valorar el tratamiento de habilidades blandas, de la expresión, de la creatividad, de la salud mental, de la búsqueda y descubriendo de ese “elemento” en lo que el niño o joven puede ser bueno. Que implique juegos didácticos y resolución de problemas, que los hay para todas las edades, a la par de conceptos como el respeto, el cumplimiento de reglas, el aprender a ganar y perder.